


En estos días cuando marcamos el comienzo de otro año e inevitablemente hacemos un análisis de lo que hicimos en este último año, es preciso sincerarnos con nosotros mismos y observar cuáles son nuestras prioridades. Observar cuál es nuestra búsqueda: buscamos esa quietud, esa receptividad de la que nos habla nuestro maestro, y elegimos el Yoga como herramienta o solamente queremos relajarnos dos o tres veces por semana para seguir en esa rueda que gira siempre en el mismo sentido, viendo los días pasar, la juventud decrecer, mientras acumulamos cosas para que un día sean propiedad de otro. Queremos seguir soñando con un futuro que quizás nunca llegue, viviendo en la periferia donde todo gira alrededor de los demás, con los mismos sufrimientos, los mismos problemas, las mismas historias de vida de generación en generación.
El Yoga que nos propone Anant a través de la enseñanza de todas las técnicas de respiración, meditación, posturas y la filosofía de la Escuela de la Trascendencia nos conduce a la expansión de nuestra conciencia. Cuando nuestra conciencia se transforme, encontraremos esa quietud que nos permite VER que hay otra forma de vida. Una vida donde comencemos a hacer algo por nosotros, sin responder tanto a los demás, con la mente despejada y el espíritu libre. Una vida plena, con salud mental, espiritual y física. Cuando nuestra conciencia se expanda y llegue el momento de transitar la tercera estación de la vida, nos daremos cuenta que nuestro fin último es recordar a nuestro Señor y dirigir a El nuestros pensamientos.